El arte de opinar lo justo (y lo correcto)

(C) Czuko Williams/Demotix

2014

Vivimos inmersos en tiempos complejos. Tiempos de amistades cibernéticas que tienen la certeza de que por que les sigan un millar de “amigos” ya son objeto de adoración o idolatría. Tiempos de dramas que se diluyen a fuerza de tener una ración de información saturada. Tiempos en los que se prodiga el arte de opinar lo justo y a ser posible lo correcto.

“Hacer “amigos” en el facebook es

tan real como follar en el strip-poker”

La Prensa ha sido siempre la vocera de algo o de alguien. Nada más poco “inocente” que la Prensa para certificar la certeza o la veracidad de algo. Para Associated Press, por ejemplo, la veracidad choca con un pezón o con un culo; donde éstos aparecen, desaparece la necesidad informativa. Amén y alabado sea el Señor. Para otros medios la verdad es lo que ellos pregonan y desde sus titulares se tacha de falso todo aquello que contradice “su” tesis oficial. Jamás saldremos de este atolladero.

Twitter, Facebook y el resto de las redes sociales funcionan ahora de un modo parecido. Si criticas lo que parece de moda, eres una mezcla de suicida e incauto. Si además lo haces en el marco de la política, eres un fascista o un extremista. Jamás el fascismo tuvo tantas connotaciones y acepciones como en el siglo XXI. Y nadie quiere ser o parecer fascista en estos días. Así que, resuelto el asunto, preferimos no opinar en aquello que nos compromete. O peor, preferimos callar en aquello que podría comprometer nuestra imagen pública o nuestra carrera. La falsedad se ha disfrazado de prudencia y el buen parecer se ha convertido en la chaqueta que a todos nos nivela e iguala. No hay lugar (tranquilo) para el diferente.

“Critica aquello que los demás desprecian abiertamente y te convertirán en una estrella. Critica lo que la sociedad moderna señala como cool y como tendencia y te habrás estrellado”

A la vuelta de la esquina, al censor de pezones, penes y vaginas le tiembla el dedo como acto reflejo de sus cansadas retinas. Facebook se ha convertido en el escaparate de vanidades y en la red de captura del purismo. Todos tememos parecer lo que no queremos parecer: lo que somos realmente. Al final de un código binario la humanidad se ha convertido en un resumen parco y triste de sí misma.

Ahora que prima tanto el juego de coleccionar amigos de mentira, los viejos canallas, chochos y acabados piensan que borrar una amistad de facebook es un acto de virilidad y valentía. Piensan que es un acto en sí con sentido y carga crítica. Se nota que no están ya en este mundo. Lástima, desconocen después de tantos años, el valor de las relaciones sociales, que, por lo general, superan a las cibernéticas. Hacer “amigos” en el facebook es tan real como follar en el strip-poker. Los dos actos son onanistas y estúpidos. Pero todos queremos ser cool y hemos convertido la herramienta básica de difusión y visibilidad en un artificioso sustituto de nuestras vidas.

Basta realizar un sencillo ejercicio para comprender que detrás de toda la sofisticación computacional se encuentra, disfrazada, la realidad de la esencia humana. Es fácil. Critica aquello que los demás desprecian abiertamente y te convertirán en una estrella. Critica lo que la sociedad moderna señala como cool y como tendencia y te habrás estrellado.


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