La Mochila –The back-pack

Una historia que a mí, al menos, me preocupa. Una historia que se inscribe en el contexto de una de las manifestaciones más extrañas que he visto en los últimos tiempos: la del 23F de Madrid. Una historia en la que el tan valorado Cuerpo de Bomberos, sin que alcancemos a saber por qué, se presta a hacer de cordón de seguridad entre el pueblo y el siguiente cordón de policía frente al Congreso. Una historia que termina con un grupo de mineros tras ese cordón entonando “Santa Bárbara” sin recordar ellos mismos que de esta Santa sólo se acuerda uno cuando truena.

Esta es la historia de una mochila. Una historia asociada a un incomprensible circo mediático en el que, de repente, tres “infiltrados” se abalanzan en medio de la calle sobre una supuesta activista que porta una mochila azul y blanca. Se abalanzan sobre ella como haciendo que la reducen, que la registran; en torno a esta escena, docenas de fotógrafos se afanan, nos afanamos, por obtener la imagen más impactante. En torno a esta escena, uno de los supuestos “infiltrados” quita la mochila de la espalda de la persona a la que registran. El gentío clama. Incomprensiblemente los miembros de la UIP se retiran y dejan “a su suerte” a los tres “infiltrados”. La gente clama y trata de “salvar” a la supuesta activista. Se hacen las fotos y se desconfigura el teatro. Los tres “infiltrados” se van como si nada. También la “activista”, que se va sin ser identificada ni nada.

El estupor, la tensión, la prisa y la clara desatención impiden que la gente, incluidos buena parte de los medios, reparen en la mochila. La misma mochila azul y blanca por la que pugnaban los “infiltrados”. Allí queda la mochila abandonada y la vorágine dirige su punto de atención hacia otro lugar.

Esta es la historia de una mochila abandonada en un seto central de la Glorieta de Atocha. La historia del intento de detención más estúpido y peor montado que se ha visto en años. Allí quedó la mochila, abandonada a su suerte, solitaria, esperando que la reclamase quién sabe quién. La historia de una mochila como la que hoy la policía señala como portadora de un arsenal de cócteles molotov. Quizá no sea la misma mochila. Quizá ayer a la gente le dio por perder mochilas. Cada cual que saque sus conclusiones. Pero que nadie olvide que, según Ockam, "en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta”


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