Cosas grandes – The big things

Olmo Calvo, un joven, valiente y comprometido fotoperiodista, recibió ayer el XVI Premio Internacional de Fotografía Solidaria que la ONG Médicos de Mundo entrega en memoria del fotógrafo Luis Valtueña y de los cooperantes de la ONG asesinados en “acto de servicio”.

El premio ha correspondido en esta ocasión, de forma inusitada, a un trabajo pulcro y elaborado con maestría que cierra con redondez una historia sobre la más sangrante realidad de la España actual: los desahucios.

Una historia con nombres y apellidos…con “cara y ojos” que diría Samuel Aranda. Una historia de desesperación, de lucha, de miseria, pero también de esperanza. Olmo, nos consta, ha pasado noches, días enteros implicado en una batalla que, no por cercana, es menos dura que cualquier guerra. Una batalla a pie de calle; una batalla sin explosiones pero con la misma carga de sufrimiento que cualquier batalla. Una guerra más.

La entrega de los premios, por desgracia, se desarrolló de forma errónea en el espacio menos adecuado para la entrega. Tal vez ese error en el lugar venía presagiado por el frío intenso que hacía dentro de esa prisión de la ilusión. Premiar un trabajo sobre la dura realidad de los desahucios y realizar la entrega en la sede cultural de una de las principales entidades de crédito artífice de este sufrimiento habría sido cómico si no fuese tan sangrante y doloroso.

(C) Czuko Williams. Olmo Calvo recibiendo el galardón de manos del hermano del fotógrafo Luis Valtueña

Olmo, buen cántabro, que como fotógrafo y persona es grande y muy, muy rápido, supo darle la vuelta a la situación. Su sencillo discurso de recepción del premio no pasó por alto esta cuestión triste. Más aún, incidió en ella y supo convertir el espacio inadecuado en el más adecuado de todos. Un espacio de sufrimiento convertido en un lugar de esperanza; una prisión de las ilusiones trocado en un jardín de alegría. Una caja hueca convertida en el más potente altavoz de la denuncia. Lástima que a las televisiones y medios de comunicación al uso –y cobardes por ello- esto les interesase más bien poco.

(C) Czuko Williams. Olmo Calvo ante el atril donde con ingenio y elegancia situó el cartel del galardón antes de lanzar un elcouente y brillante alegato contra la injuesticia social

Pero todos debemos estar alegres. Los ciudadanos porque se premia la lucha constante contra la peor de las enfermedades: la injusticia; felices porque se premia el trabajo serio y honrado sobre la peor de las lacras sociales: la hipocresía.

También los fotoperiodistas debemos congratularnos y estar felices porque se ha premiado no sólo a un buen compañero, sino a un gran y prometedor fotógrafo. A un profesional. Debemos estar felices porque este premio da visibilidad a lo invisible y sobre todo, porque abre un espacio de reflexión para un proyecto que Olmo Calvo realizará, durante un año, junto a Médicos del Mundo y que, sin duda, conociendo bien a unos y otros, culminará de forma exitosa.

Tan sólo se puede pedir a Médicos de Mundo que de un paso más para hacer aún más grande este certamen fotográfico; que realice un seguimiento público del proyecto y que, con ocasión de la nueva Gala de entrega de la que será la XVII edición del Premio, presente los resultados del Proyecto concluido. Que esa presentación sea la esencia del trabajo bien hecho y que aquél que ha gozado durante un año de los laureles del “cuarto oscuro”, ceda el testigo, públicamente, al nuevo premiado. Quizás así, entre todos, consigamos hacer la fotografía documental…el verdadero fotoperiodismo, en algo aún más grande de lo inmenso que ya es.

Olmo. Un placer haber compartido contigo calles, manifestaciones, charlas…pero sobre todo la calidez y calidad humana que tienes. Lo sabes: nos vemos en las calles.

(C) Czuko Williams. Olmo Calvo junto a David Rengel, premiado por el magnífico trabajo sobre la Fiebre Negra, el Presidente de Médicos del Mundo y el actor Tristán Ulloa que hizo de maestro de ceremonias


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