No disparen al Consejero - Don't shoot the counselor

Las Vegas, el mayor emporio del lujo -y para algunos del vicio- ha terminado de alargar su sombra sobre Europa y más particularmente sobre España. Este alargamiento, además, coincide con uno de los peores momentos de la economía española y con un descrédito enorme del propio modelo de Las Vegas.

No es casual que ante los peores augurios económicos, los buitres de la codicia se ciernan sobre el decréptio cadáver de los países en los que los índices de corrupción son más elevados. España, guste o no, es uno de ellos. Paradójicamente, mientras el modelo de Las Vegas se va derrumbando en Estados Unidos, España se pelea de modo escandalosamente estúpido por acoger en su territorio el macro-complejo hotelero-binguero del holding de Sheldon Adelson. Todo son parabienes, todo son congratulaciones y todo son celebraciones en torno a un proyecto que genera bastantes dudas a todos menos a los ávidos politicastros de mirada corta.

Que el proyecto lleve en la mente del coloso americano desde el mismo momento en el que la crisis más golpea a España, no es anuncio de nada bueno. Que, además, sea un proyecto continuidad de la extensión del holding en lugares tan poco recomendables como Singapur y Macao tampoco mueve mucho al ánimo.

Todos los parabienes asociados a la cuantiosa inversión (35.000 millones de dólares) o a la futurible -e increible- creación de puestos de trabajo (más de 200.000 empleos) o a la inmensa capacidad hotelera (más de 20.000 plazas) escaman al más cauto. Cabe preguntarse si a España, el paraíso de los servicios por excelencia, necesita, con su ya de por sí gruesa oferta hotelera (más de 540.000 plazas), su galopante crisis económica y sus desproporcionados índices de destrucción de empleo, le interesa una inversión como la propuesta por Adelson. Además, la gratuita inversión que Aguirre y Manglano ven con tan buenos ojos implica dos cosas para nada baladíes: la necesidad del respaldo de un crédito de 25 millones de Euros del Banco Central Europeo a favor del Sr. Adelson y una serie de prebendas inmobiliarias tan nimias como la más que probable recalificación de terrenos rústicos. Todo ello huele, más bien apesta, a las viejas querencias del pelotazo que antaño nos colocó en la rampa de ignicción hacia el infierno en la que nos encontramos ahora y de la que nos va a costar mucho sudor escapar.

Para ese nuevo caballero de la mesa redonda (de Aguirre) de Don Parsifal (AKA Percival Manglano), todo son maravillas y albricias. Música celestial que llega a los oídos más enterados como la melodía del traje nuevo del emperador y que lleva a preguntarse cuándo dirá el pueblo a estos mequetrefes que el vestido no existe y que de seguir así, hasta la pudorosa y coqueta Esperanza acabará luciendo a plena luz su flácida pelota...y créanme que no están algunos políticos como para andar enseñando demasiadas interioridades.

Pero que no cunda el pánico. Todo ha de meditarse. El tiempo de reflexión, cuando no se aplica al desvarío, suele ser buen consejero (no se si de economía, pero sí de sentido común). No obstante, antes de que se forme el pelotón definitivo, a ver si hay suerte y el periodismo de verdad empieza a hacerse y a hacer las preguntas enjundiosas en las que muchos piensan (y que antes llamábamos "periodismo de investigación") De momento, y a la espera de lo peor, llamemos a la cordura y si es posible, que nadie dispare al Consejero (aún)


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