Dios proveerá - Waiting for God

El cielo bien vale una cola...o una fila, según se mire (o ambas). Como cada año, el primer viernes de Marzo (el Martius romano, primer mes del año en el mundo clásico latino), la Basílica que alberga, en pleno barrio de las letras de Madrid, la venerada y peluda imagen del Cristo de Medinacelli, hierve de presión cual olla divina.

Dicen de esta imagen que es milagrera. A algunos, por experiencia, nos quedan ciertas dudas, pero el fervor está ahí, no podemos negarlo. Este año, de crisis, la polémica se ha aliado con la picaresca o la mala leche -también depende del punto de vista-. Al conjunto de fieles, tras varios días -con sus noches- de espera, se les ha colmado la paciencia y denuncian prácticas poco ortodoxas en tan sacrosanta espera.

Manuela reconoce estar esperando en la fila desde el pasado lunes 21 de Febrero. Otros, que esperan desde el lunes 27, acusan a algunas de estas feligresas de estar guardando sitio a cambio de pagos económicos. Ella lo niega. Tampoco rechaza su momento de fama, lo cual es lógico y en cierto modo agradable.

En la fila, ordenada y acartonada, abundan las ilusiones fervorosas. Dicen que Dios aprieta pero no ahoga (aunque a veces se queda cerca del estrangulamiento más vil). Tirios y troyanos aguardan su vez para arrojarse a los pies del Cristo melenudo susurrándole deseos, anhelos y confiándole las riendas de una vida guiada por la luz divina. Tal es el calibre de la desesperanza, no hay duda.

Para Alex, la distancia de la familia, allá en Perú, le mueve a pedir la intercesión divina para conseguir unos billetes que traigan a la familia acá o, quizás de forma preferible, comprar un único pasaje para regresar allá, de donde salió con el sueño inverso de El Dorado.

Maria Antonia y sus compañeras lo tienen claro. Aquí el problema es un problema real. Urdangarín y su metida de mano en la saca no pasa desapercibida a las piadosas "esperantes" o aguardadoras. "Ese sí que ha sabido tocar el piano", apuntala mientras mueve graciosamente los ágiles dedos de sus manos. Álex ríe bajo las mantas. Los presentes secundan la opinión pizpireta de Maria Antonia.

En el grupo de Toñi, formado por cuarenta personas, que se turnan religiosamente para ocupar sus cuatro puestos, la cosa está clara. Aquí el problema es la crisis. Todas ellas, mujeres de mediana edad, coinciden en sus peticiones: "El trabajo. Que no falte el trabajo para los míos". Quien más o quien menos tiene familia con hijos a su cargo. Cada una de estas es una historia de desconsuelo que busca alivio a la presión global a través de la intercesión divina. Lamentablemente Dios (podríamos llamarlo Jehová, Yavhé o Alá) no parece tener tiempo ya ni para los nenes de África, con sus pancitas hinchadas de parásitos, ni mucho menos para los "infieles" de Homs que mueren como chinches ante la inacción de la Comunidad Internacional. Y si la ONU no actúa, ¿podemos esperar algo más agil por la parte divina?. Nos queda la duda.

Pero Manoli, Toñi, Maria Antonia y Álex confían en que Dios escuche y obre...y si no obra, al menos que quien quiere hablarle afloje la faltriquera y suelte los papeles que hagan más llevadera la tensa y larga espera que no acierta a aliviar ni las revistas del corazón, ni los cartones protectores contra el relente nocturno, ni unas mantas bien ajustadas a cuerpos que se curten a la sombra fría de una callejuela madrileña.

Destaca la media de edad, que ronda los 60 años. Abundan mujeres y cabe preguntarse dónde están las flamantes damas adineradas que, seguramente, mañana nos encontremos al regresar a cubrir el final de esta historia. Ellas parecen no tener que guardar fila. Su turno puede ser cuestión divina o simplemente puede que su dinero, fresco y negro, obre el milagro de los panes y los peces en los bolsillos famélicos de quienes no tienen más opciones ante la desesperación que aguardar largas horas a la espera. Podrá no ser legal, pero es justificable.

Como suele reconocerse, Dios proveerá. Desde luego, tiempo para pensar en él no le faltará a este peculiar ejército de aguardantes. Aunque a la vista de la que está cayendo...también hasta el cielo puede esperar (al menos lo que se tarda en tomar un "cafelito")


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