In Videncia: no people, no answers

La situación general es tan mala, tan mala, tan mala, que se han multiplicado en el último año, de forma exponencial, las consultas a videntes, brujos, adivinos y demás personajes de lo oculto.

A la multiplicación de los anuncios en prensa -gratuita y de pago- de todo tipo de supuestos maestros con el trato de almas, ánimas y demás interlocutores del más allá, se han unido una marabunta de mercachifles televisivos que copan no ya espacios de la programación, sino que colonizan, cual virus mutantes, cadenas completas surgidas ex profeso para servir de enlace entre el caótico más acá y el aparentemente prometedor más allá.

Llover no llueve. Nevar no nieva...pero los parabrisas de los vehículos aparecen colonizados por propagandas de brujos africanos que prometen todo tipo de "trabajos" de magia de todos los colores, olores y sabores. ¿Será cuestión de mover el esqueleto al son de la "danza de la nieve" amenizados por la orquesta brujeril?. ¿Tendrán estos mercachifles variopintos la solución para todos los males del mundo? Si es así, que tiemblen la pobreza, el hambre, la guerra y hasta el cambio climático.

Lo más terrible es, sin duda, que este resurgir de la parafernalia milenarista, esta nueva querencia por encontrar en el más allá lo que no somos capaces de aquilatar en el más acá, este nuevo mesianismo trsnochado, en definitiva, no responde más que a una clara evidencia de que el desánimo cunde por doquier. Malos tiempos para la economía, para la cultura, pero grandes momentos para gabinetes astrológicos y confesionarios.

La gente consume lo que pide. La televisión y la radio suelen ofertar la ración de casquería, santería, magia y adivinación propia de la querencia de su amado público. La gente, incomprensiblemente, multiplica sus consultas al horóscopo y a los adivinos de forma directamente proporcional al crecimiento de su infortunio. Esa es la clave. Puede haber economía sumergida, puede haber billetes de quinientos euros, pero por encima de todo empieza a haber desánimo y desesperación; y si el hambre aprieta, todo vale. Malos consejeros para la cordura.

Movido por la curiosidad decidí consultar a mi maga de cabecera. Ella tiene todas las soluciones para mis males. Es el bálasamo de Fierabrás de mis dolencias de bolsillo, de mis cuitas amorosas, de mis indecisiones laborales. Allá está, cada mañana soleada (los fantasmas y espíritus se manifiestan mal los días de lluvia y frío y también los medio nublados), sentada en su camarín de quita y pon, frente a las calmas aguas del madrileño estanque de El Retiro. Mi bruja Lola particular, mi conferencia asegurada con el más allá, mi inalámbrico con el cielo, mi telegrama a los espíritus, en definitiva, mi espantapájaros del infortunio...

Lamentablemente, hoy, las comunicaciones con el más allá no estaban bien establecidas. Comunicaban los espíritus, fallaba la internet de las almas y el móvil (celular lo llaman algunos) del departamento de futurología estaba, curiosamente, apagado o fuera de cobertura.

Pero mi bruja particular es mujer de recursos (como todo buen mago, brujo o adivino que se precie) y ante nada se arredra. No hay obstáculo que le detenga, ni infortunio que le desanime. "Si la tecnología falla", me espeta con aire misterioso, "siempre tendremos los métodos tradicionales". Y¿qué mejor forma de hacer llegar nuestras cuitas al más allá que a través de unas magníficas palomas mensajeras?.

Yo me escamo y me da por temerme lo peor: mi bruja -como a la salida de esta crisis- ni está, ni se le espera.


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