Diferencias sustanciales: #MarcaEspaña

(C)Czuko Williams

No sé si Dios fue o no un gitano; carezco de pruebas y ante la carestía probatoria, se debe seguir presumiendo la inocencia de ambos; de Dios y del gitano.

Las comparaciones, siempre odiosas, por inoportunas no pueden dejar sin embargo de hacerse. No se trata de comparar, como decíamos, a “Dios con un gitano”, sino de aproximarnos a la esencia misma de este reino de fantasía, llamado Europa, en el que nos introdujeron, convirtiéndonos de la noche a la mañana, 166 pesetas en una mísera moneda de euro. En el sueño de Europa, todo era posible y España se abrazó al sueño europeo con tanta pasión como imprudencia. A los pocos minutos de adoptar la moneda oficial, salió el bandolero español por antonomasia y, con la cara más dura del mundo, el camarero que ayer te ponía un café por algo menos de veinte duros, te enchufaba hoy casi cuarenta y se quedaba más ancho que largo.

Como el ratio de cambio no fue 1:1, como habría sido de esperar, el sueño se ha ido convirtiendo poco a poco en pesadilla para muchos; algún abuelo que conozco, sigue mirando con desconfianza esa moneda fea que, por arte de magia fagocitó más de 30 duros de los de antes. Y la mira con desconfianza porque ve en ella el reflejo claro el tendero bandolero, del camarero filibustero y del político bucanero. Al final, como decía el campesino mexicano en tiempos de la revolución, “todos me quieren salvar, pero todos quieren mis gallinas”.

Y esta digresión monetaria sirve de introito para demostrar lo que resulta lógico y evidente: que Spain is different, y que nos gusta hacer gala orgullosa de ello. En esencia España es aún una pretérita Sierra Morena llena de bandoleros, cada vez más sofisticados, pero en esencia bandoleros.

Las evidencias de que aquí todo es diferente son múltiples. La separación de poderes sufre el efecto imán, atrayendo sin límite el ejecutivo al judicial y sirviéndose el sistema podrido de artimañas sin freno para colocar a “presuntos” en las más altas cotas del poder. A la par, el poder eclesiástico va recuperando el poder que le brindó la dictadura y aboga por mantener prelaturas próximas al Ejecutivo para que su influencia en el Legislativo haga valer su doctrina en temas tan domésticos e íntimos como el aborto.

Así, con este proceso de atracción, si a quienes fueron juzgados por “presuntos” se les arrima el ascua de la legalidad, piensa el leguleyo que tal vez, por ósmosis, se le traspasen las sacrosantas virtudes de la bondad, la prudencia o la más caras humildad y honestidad. Nada más lejos de la realidad, por eso mismo, porque España es, sin más, otra realidad; o como diría el pope místico de las noches televisivas españolas “otra dimensión en la nave del misterio”. Porque España es eso, en esencia, una suerte de Sierra Morena bandolera llena de charlatanes, malos gobernantes, mangantes y filibusteros.

Luego hay buenas gentes, porque las hay. Esa buena gente es imprescindible en un Estado parásito. Ellos son la sabia bruta de la que se alimenta el golosón parásito que lo coloniza. Esa es la esencia de la corrupción; nada supera la comparación biológica: es necesario el hombre bueno para que triunfe el malo. Hoy que algunos analistas hablan de Estado fallido, debemos defender ante tirios y troyanos la existencia de un Estado parásito que vive de la buena gente que puebla un país, como los molestos gusanos intestinales que se manifiestan en el terrible picor del ano. España es hoy, desde el punto de vista político y moral, una perfecta infestación de parásitos.

España es diferente porque aquí podemos soportar sin zozobra la presunta mala praxis de un Presidente del Gobierno. No importa que esa presunta mala praxis venga de diez minutos o de diez años atrás; la limpieza que se le supone a un Presidente del Gobierno ha de ser inmaculada, y si un día se descubre y se demuestra que robó, en su infancia, el cepillo de la Iglesia, perdonémosle, por ser error de juventud…pero estemos atentos y avizores y afinemos los sentidos, y si después de todo resulta que le encontramos en otros “presuntos” atiborramientos monetarios, en mangoneos diversos y en “trafulcas” sin fin, reconozcamos que tal vez nos salió el gallego algo más meridional de lo que esperábamos y reconozcamos en él al bandolero que fue, aunque venga camuflado con gaitas o escarpines de percebeiro. Un tramposo, aunque “presunto” no deja de ser un tramposo. En un país civilizado, al indigno, por “presunto” lo ponen a remojo judicial y la calle (léase el pueblo) en masa, exige y consigue su dimisión. En España no, en España el gentío paniaguado está a la espera de su parte del botín y las crisis de Estado, si se dan en el estío, mejor, que el personal está a remojo y a otros menesteres más provechosos.

Pero España es aún más diferente. No nos contentamos con elevar a los altares judiciales a un juez Ex Rector de Universidad, imputado por un “presunto” delito electoral; no nos basta con tener a un Alcalde presuntamente bandolero asaltando supermercados; no nos contentamos con tener a parte de la familia real metida en “presuntos” latrocinios, sino que además, nos jactamos de ello, porque sí, porque lo valemos, porque España es diferente. Porque la picaresca ha sido reconocida y nombrada como “esencia nacional” y está dotada de todos los ámbitos legales de protección imaginables. Así, para el pueblo, aquí el que no roba (presuntamente) no es que sea honrado, es que es tonto.

El remate lo encontramos en el lloriqueo farisaico de ese corifeo de plañideras en el que se han convertido buena parte de las Universidades y Centros de Investigación españoles, muchos de ellos de memoria tan frágil que han olvidado cómo se multiplicaron exponencialmente las contrataciones en sus plantillas –no precisamente atendiendo al criterio de excelencia, conocimiento y capacidad por cierto-, cómo se dilapidaron los millones y cómo se multiplicó el “presunto” asalto a la saca estatal muchas veces para sacar adelante proyectos inútiles y canallas y obligando a los verdaderos centro de excelencia –por ejemplo dedicados a la investigación médica- a pelear con uñas y dientes por el presupuesto.

Ahora llevamos meses, por ejemplo, con noticias sobre la “ruinosa” situación de la arqueología española; incluso los Santos Bebedores de fairy y organizadores de “presuntas” orgiásticas fiestas bajo la máxima del líder “quien farda de noche, farda de día”, allá por los yacimientos de la Sierra burgalesa se quejan públicamente de que no llegan los fondos…y olvidan de qué modo se aprovecharon durante más de una década del 80% del presupuesto de investigación de toda la Comunidad de Castilla y León. Y ahora, con las vacas flacas, se les olvida que los grandes proyectos tienen que contar con la previsión suficiente como para tener la certeza prospectiva de que podrá garantizarse su futuro…algo que no parece haberse dado en el Centro “sideral” de la Evolución Humana cuya génesis alguien favoreció para mayor gloria de un hermanísimo convertido en director y su grupo de amigos, ahora venidos a menos y obligados a vender sus servicios al mejor postor…con la problemática añadida de que no hay postor alguno.

(C)Czuko Williams

Y ahora nos quejamos. Ahora que hemos violentado el Estado, sangrándolo y sometiéndolo al mayor drenaje moral de la historia reciente de este país; ahora que la corrupción campa libre en este Estado parásito, mentamos a Santa Bárbara y nos llevamos las manos a la cabeza. En este país de bandoleros que presuntamente estafaban a Europa en el recuento trucado de olivos, en las balanzas chungas del aceite, en el “pifostio” negro del carbón, en los enjuagues turbios de las atarazanas, en los pozos sin fondo del “desarrollo local”. En este país de pandereta, caña y tapa, turismo fácil y magreo de pechos, posaderas y entrepierna en la sacrosanta fiesta del toro pamplonica; en este país de sol y playa que despertó a los ojos del mundo en los tiempos del Grand Tour y donde no queda ya otro resquicio de cordura que el suicidio colectivo, porque sólo en la catarsis del fuego podrá una sociedad deshacerse del parásito que lo coloniza.

Esta España de pandereta que permite que un Académico de la Lengua y galardonado autor esté condenado por un “presunto” plagio y no pasa nada. A nadie se le puede ocurrir pensar de qué lugar pudieran proceder parte de las ideas de sus más celebradas novelas, porque Spain is different y aquí todo nos importa un bledo siempre que tengamos pan, fútbol y toros. España es tan diferente como insoportable, porque respirar este aire de cloaca es cada vez más aborrecible e insalubre. Pero España es diferente, diferente a Francia, diferente a Alemania, diferente a Bélgica o a la pérfida Albión…tan diferente y al tiempo tan meridionalmente similar a aquellos otros paraísos bananeros que tanto habíamos criticado.

(C)Czuko Williams

Pero al fin vamos tejiendo con esmero la #marcaEspaña. Al fin somos capaces de mostrarnos ante el mundo, con más hocico que un cerdo ibérico, como pavos reales que despliegan su plumaje de fechorías y "bucaneradas" demostrando a quien lo hubiera dudado que España, a fuerza de echar en su potaje secular corrupción, abusos, injusticias y desgobierno, ha conseguido mantener la esencia de su patrón de honor, que no es ya Santiago, sino el mismísimo Curro Jiménez, el sacrosanto bandolero de Sierra Morena.

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